miércoles, 31 de diciembre de 2008

La crisis capitalista como factor revolucionario

La situación política mundial abierta por el estallido de la crisis capitalista requiere de un nuevo análisis de las relaciones de fuerza entre las clases sociales, los Estados nacionales, el rol de los distintos imperialismos, la identificación de los eslabones débiles de la economía mundial, el epicentro de la lucha de clases, su vanguardia revolucionaria y su polo de reacción a escala global. Todo, en el conjunto de las relaciones sociales, está tenido por la dinámica de la crisis. A partir de ahora todos los fenómenos políticos se vuelven expresión de los coletazos de la crisis. La composición de fuerzas tanto dentro de los Estados con en la arena política internacional están sufriendo drásticas modificaciones. Todo el equilibrio económico, social y político que el capitalismo internacional había logrado tener desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y en especial desde caída del Muro de Berlín y la penetración imperialista en China y Rusia se encuentra en cuestión desde su misma base.

Este movimiento acelerado no se expresa directamente en la conciencia de las masas sino de forma atrasada, es decir, desde que la crisis pasa de ser un fenómeno objetivo a uno de carácter subjetivo, enraizado en la conciencia y pensar de la población mundial hay un trecho que tienen distintos tiempos. Es que la conciencia emerge y es expresión –más o menos realista- de los procesos sociales en los que los hombres están inmersos; pero al mismo tiempo la toma de conciencia del proceso del cual es parte es la condición para que el hombre se transforme en factor activo, determinante de ese proceso, y pueda darle un rumbo propio.

Así, en la dialéctica de la dinámica de la crisis se irá conjugando un movimiento de reacción popular de carácter mundial de forma desigual, con variadas intensidades, con expresiones masivas o de vanguardia, etc. Pero lo más importante a destacar en esta coyuntura es que la crisis está actuando como un verdadero factor revolucionario. Que actúa de esta manera no significa, por supuesto, que el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora acrecentará su conciencia de la miseria que depara el capitalismo. No, de hecho, la entrada en un período de depresión económica hará mucho más duras las luchas de la clase obrera mundial, poniéndose en un plano defensivo en lo que hace a sus condiciones económicas. Sin embargo, el carácter revolucionario de la crisis no está en el plano económico –donde se presenta en su carácter más reaccionario- sino en el plano político, en la esfera de la conciencia social, en la ideología. Este fenómeno, que se presenta como una paradoja histórica, no es más que el propio movimiento dialéctico del capitalismo que, al mismo tiempo que acrecienta su decadencia histórica –por la recurrencia cada vez más catastrófica a las crisis-, aumenta –por eso mismo- su desprestigio ante las grandes masas del mundo.

En las últimas décadas el capitalismo se ha transformado en el sistema social que rige los destinos de la humanidad en casi su totalidad. La crisis actual, sin embargo, lo ha puesto en un período defensivo a nivel político e ideológico. La clase obrera, por otro lado, encuentra esta situación de una manera peculiar: al mismo tiempo en que tiene ponerse en lucha para frenar los ataques del capital, se encuentra en las mejores condiciones históricas de los últimos 30 años para emprender una ofensiva ideológica contra el sistema, y en estas ofensiva encuentra el suelo para construir su alternativa histórica superadora: el socialismo.


¿De qué manera se presenta la crisis como factor revolucionario en la lucha de clases?

El crash financiero tuvo lugar hace apenas 3 meses, conmocionando la conciencia de la población mundial. A partir de entonces el problema de la crisis ha pasado a un primer plano en los medios de comunicación de masas. Pero no se ha quedado como mera noticia a ser leída en los diarios o en el noticiero de la televisión: la crisis ha empezado a ser parte del lenguaje cotidiano de la clase obrera que, a diferencia de lo que discute la burguesía, para ella el otro concepto que viene asociado es el de los despidos. Mientras la burguesía discute si la crisis engendrará una recesión prolongada o directamente una depresión económica a escala global, los trabajadores se preguntan por su magnitud pero desde la perspectiva opuesta: por las posibilidades futuras de poder continuar con la venta de su fuerza de trabajo. Así, en los distintos establecimientos laborales a lo largo y ancho del mundo millones de trabajadores comienzan a sacar la siguiente conclusión: que los patrones buscan que la crisis sea descargada sobre sus hombros con suspensiones, despidos, rebajas salariales, e inclusive cerrando sus empresas. Sobre esta conclusión certera es que ha empezado a producirse una rebelión molecular a escala planetaria de movilizaciones, huelgas, ocupaciones de planta, piquetes, enfrentamientos con el aparato represivo, etc. La rebelión social en Grecia es la expresión y anticipo de los coletazos de la crisis sobre la lucha de clases.

Así, este intento de las patronales de hacer pagar los costos de la crisis a los trabajadores se vuelve un boomerang, haciéndole un agujero a la hegemonía que posee la burguesía para ejercer su dictadura dentro de la fábrica. Por esta razón, la crisis capitalista actúa como catalizador de una tendencia anti-capitalista en la subjetivad de las clase trabajadora mundial. Esta tendencia mantiene algo de similar con la tendencia anti-neoliberal que viene desarrollándose en América Latina y en menor grado en los países imperialistas europeos y Estados Unidos, y es que ante las grandes masas la crisis tiene sus raíces en el daño que ha hecho el capital financiero a la economía real, al capital productivo. A partir de este diagnóstico se saca la conclusión de que lo que hay que hacer es “regular” el capital financiero en beneficio del capital productivo, o directamente, una visión “desarrollista radical” plantearía eliminar a las finanzas como medio de acumulación de capital. En este punto, entonces, la crítica al capitalismo se mantiene unilateral y sólo se aplica, a nivel de las grandes masas, a una fracción, la financiera. Ahora bien, al entrar en un período de contracción económica, es decir, de destrucción de fuerzas productivas, como ya lo venimos constatando, se generalizará la hacia las ramas productivas de la economía y la crítica irá tomando cuerpo hacia el corazón del sistema: la gran industria.

El re-surgir de una tendencia anti-capitalista en el seno de la clase trabajadora es, sin dudas, el fenómeno subjetivo central que ya muestra la dinámica de la crisis. Y la burguesía ya ha comenzado, hace al menos 1 década, a organizarse para no sólo reprimir esta tendencia por medio del aparato Estatal armado, sino por medio de un conjunto elementos de carácter económico –referidos a las formas que se da la burguesía para mantener la fuerza de trabajo en condiciones para su reproducción- y otras de carácter superestructural –como el derecho, la ideología, la enseñanza-.

Este movimiento contradictorio de radicalización de la vanguardia de la clase trabajadora y de su contraparte en la burguesía tiene un punto de inflexión con la aceleración de la crisis a partir de septiembre de 2008. A partir de ahora todos los elementos que se encontraban procesándose lentamente en el período anterior se agudizarán, aceleraran su desarrollo. El continuo desarrollo de estos elementos lo hará crecer en cantidad y combinarse con otros produciendo nuevos elementos, superiores, cualitativamente distintos a los anteriores. Así también, otros elementos tenderán a desaparecer.

En lo que hace al ritmo de la dinámica de clases, la crisis actúa como acelerador de la agudización de la lucha entre éstas. Este ritmo es distinto al que tenía esta dinámica de agudización o polarización de clase en el período anterior, con su inicio a fines de los 90´. El crecimiento de la polarización dejada de ser gradual, aritmético, para entrar en uno de ascenso geométrico, puesto que cada movimiento en el cual cantidades de fuerzas productivas son destruidas por la propia dinámica de la crisis acrecienta la posibilidades inmediatas de la destrucción de otras cantidades, no encontrando un espacio de acumulación –estatal, continental- que pueda servir de compensación y equilibrio, que absorba capitales y no los destruya.

Si tuviéramos que graficar el movimiento del desarrollo de la producción y la destrucción de capital tendremos que pensar en una curva que asciende gradualmente hasta un punto en el cual se acelera por poco tiempo y de golpe empieza a bajar a una velocidad varias veces mayor con la cual subió todo el período anterior. En esta curva de descenso acelerado es en donde nos encontramos en estos momentos en todo el planeta. Así habiendo pasado ya por el estallido de la crisis ahora estamos transitando la implosión del capitalismo, puesto que esta curva hacia abajo, en pendiente semi-vertical, no es más que un proceso a escala global de destrucción masiva de fuerzas productivas.


¿De qué manera repercute esta implosión en las relaciones sociales?

Como venimos señalando, la crisis se ha transformado en una implosión del capitalismo. Este fenómeno está trastocando el conjunto de las relaciones sociales. La relación social fundamental de la sociedad capitalista es la que existe entre el capital y el trabajo, entre la burguesía y la clase obrera mundial. Esta implosión, entonces, se traducirá en un quiebre masivo de este tipo de relación. Este quiebre está comandado por la burguesía y se expresa en los cientos de miles de despidos en todas partes del mundo. Como podemos ver, de forma desigual, los trabajadores ya han empezado a responder a este fenómeno de distintas formas. Así, constatamos en la nueva época que se abre un ascenso de la lucha obrera en general, y dentro de este ascenso la posibilidad de revoluciones sociales.

En segundo lugar esta implosión ya está impactando en la relación entre los distintos Estados. Es decir, aumentarán todos las contradicciones existentes a nivel diplomático, comercial, político, militar entre los distintos Estados en general, entre los Estados imperialistas y entre los Estados imperialistas y los Estado semi-coloniales en particular. La guerra genocida sobre el pueblo de Gaza encabezada por el Estado de Israel y el imperialismo norteamericano son la antesala de mayores enfrentamientos entre los distintos brazos armados de los Estados capitalistas. Una crisis de semejante magnitud traerá de forma inevitable, bajo el régimen capitalista mundial, guerras como las que azotaron el mundo en el Siglo XX, o aún peores, teniendo en cuenta el grado de militarización mucho más elevado de los principales países capitalistas del mundo.

La única forma en que los trabajadoras podrán evitar que la crisis sea descargada sobre sus hombros por medio del hambre y nuevas guerras, será valiéndose de su fuerza para avanzar en el derrocamiento del sistema capitalista que conduce inevitablemente a crisis sociales brutales. Así, en este mismo movimiento revolucionario sentar las bases de una nueva sociedad sin clases, la sociedad socialista mundial.